El conflicto de Escondida

Juan H. Rojas Cortés

Autor del libro “Por qué cambiar la forma de hacer minería en Chile.”

 

 

 

En la historia de la gran minería, las relaciones laborales han estado marcadas por la confrontación. El mundo del “ellos” contra el mundo del “nosotros”. El mundo de los trabajadores versus el mundo de los empleadores. Ambos mundos han vivido su existencia en función de una sola historia, ninguno de ellos cree en la historia del otro generando una desconfianza que los deja sin ninguna posibilidad de reconocerse como mundos complementarios.

 

La negociación ha sido el medio para transformar esa confrontación en cooperación. Una negociación de posiciones encontradas, de adversarios en suma cero. Frente a frente. Lo que una parte gana la otra la pierde. Independientemente de las acciones que tome cada parte, la causa-raíz está en la forma como se interpretan a sí mismas. Como “ellos” y “nosotros”.

 

La tradición de la negociación ha generado, también, una tradición de acuerdos. Sin embargo, el conflicto laboral de Escondida es una alarma que no puede pasar inadvertida. Es un quiebre a la tradición de los acuerdos. Por lo tanto, no puede ser analizado como un fenómeno reciente y buscar una respuesta, sin considerar debidamente el largo proceso de evolución social, cultural y económica que da cuenta de la forma como se interpreta cada parte. Las diferencias relacionadas con las responsabilidades organizacionales estarán debidamente representadas en el ámbito administrativo de la empresa. El cambio que se requiere está en al ámbito funcional.

 

La empresa necesita a los trabajadores y los trabajadores necesitan a la empresa. La existencia de uno depende de la existencia del otro. Desde la perspectiva de la economía del negocio la complementariedad aumenta los beneficios. La confrontación sólo los achica. El concepto de negociación es el que está obsoleto y una innovación relevante es desafiar estas tradiciones y comenzar a trabajar hombro-con-hombro. No hay dudas de su elevado retorno.

 

El contrato colectivo es un contexto hacia el futuro, allí se establecen las reglas del juego que jugarán las partes durante los próximos años. En consecuencia, lo que importa es una interpretación compartida de cómo se harán las cosas durante la vigencia de ese contrato. A qué van a jugar las partes, en definitiva. El propósito del juego debe ser el propósito común. La efectividad del trabajo en equipo depende de ese propósito común.

 

Competitividad para la empresa es empleabilidad para los trabajadores. Los trabajadores tienen un conocimiento más preciso y representativo de la realidad operativa de la empresa. Su conocimiento del trabajo es un complemento clave para que la empresa sea más segura, más productiva y más rentable. No hay duda de la necesidad de un proceso de aprendizaje para que la industria cambie la forma de hacer relaciones laborales y el mundo sindical cambie la forma de hacer sindicalismo. Allí está el espacio del beneficio mutuo. Cuando las partes comiencen a aceptar la diferencia, legitimidad y autonomía de quienes provienen de un discurso histórico distinto. Eso les permitirá entender por qué somos como somos y hacemos lo que hacemos en la minería.

 

La naturaleza de este conflicto sumada a los accidentes fatales, nos muestran que lo que estamos haciendo ya no es suficiente para sostener la competitividad de la industria. La innovación siempre es necesaria cuando lo que estamos haciendo ya no es suficiente. Y no se innova al margen de las tradiciones. Ciertamente, seguir haciendo lo mismo y conseguir los mismos resultados es una opción descartada. Lo que se requiere es algo nuevo, distinto y más efectivo. Eso es un cambio mayor y a mayor necesidad de cambio mayor necesidad de liderazgo. Eso es lo primero.

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